recuperación histórica persoal, familiar e colectiva!

sábado, fevereiro 17, 2007

MÁSCARAS ETERNAS

A Cándido Souto

Ya llegó el carnaval y con él, el bullicio, la algazara el ruido y la alegría. Por todas partes se ven fantásticas caricaturas, ridículas y groseras unas, desprovistas de pudor y gracia las otras. Y es que el buen sentido y la moral se pierden, y es que el vicio y la corrupción aumentan. ¡Que dicha para las viejas que presumen de ser niñas! ¡Que gozo poder ocultar por un momento bajo la encubridora máscara las arrugas que son el sello fatal de los años! ¡Que placer inefable el ser estrechada por enamorado galán y poder engañarse y engañarlo por breve instante, haciéndole creer que es joven y hermosa! ¡Que dulzura ser tratada como en otros tiempos, oyendo a su paso requiebros amorosos de fantásticos enamorados! La muchedumbre frenética de placer, busca en estos días toda clase de extravagancias, y en esta carrera interminable de coches y automóviles, de carros y jinetes, de bailes y saraos, de cines y paseos, no puede decirse que no existe bienestar, no puede negarse que el pueblo está satisfecho, que goza y que se divierte?... Pero cuando volvamos a nuestras casas y nos despojamos de esa ridícula máscara; cuando volvamos a la fatídica realidad se nos entristecerá más la memoria y sufrirá más el corazón, pensado que es un año más de vida y una ilusión menos de ella.
Hay realidades que no se pueden decir; pero a fuerza de razonar, pensaremos que nosotros con nuestro trabajo asíduo pagamos esa locomoción vertiginosa y desenfrenada que corre interminable dando vueltas al Prado y nosotros, ¡infelices! También corremos con la nuestra, que es la natural, para que de agradecimiento no nos despedacen…
El pueblo languidece merced a tanta pompa y boato, a tanto parásito amañado que vive explotando a nombre de la justicia y el progreso, que si no tuvieran más altos y nobles ideales- yo renegaría de ellos.

La máscara eterna que nos agobia, no es necesario esperar al carnaval para verla; se encuentra en todas partes, se ve en todos los lugares, se contempla, se oye, se siente en todo el tiempo y a todas horas. La máscara fatal que todo ser lleva en sí, es la prueba más natural, es el fundamento más lógico para ésta, que, par estos ángeles puros y bellos, las máscaras son un encanto; para los viejos son un recuerdo de su juventud que ¡ay! Jamás volverá; para los pobres y desvalidos un manifiesto de su pobreza, y para los ricos una diversión voluptuosa, una forma de humillar al pueblo con su lujo, como en tiempos de la esclavitud romana gozaban al ver gladiadores despedazarse incompasivos en la “arena” mientras ellos reían de su ignorancia, cubiertos con la máscara de la hipocresía…
Pero no debemos afligirnos en estos recuerdos. Olvidemos por algunas horas las miserias y tristezas y gocemos, gustando los placeres momentáneos que renuevan la ilusión y al son de estos gratos sones musicales, lancémonos frenéticos, rindiendo culto a la alegría, y a Tersípcore.
¿Qué importa en en lóbregas viviendas exhale suspiros y gemidos el viejo enfermo, el niño pobre y la madre ciega, si estos gemidos se han de perder en tortuosas y obscuras calles? ¿Llegan por ventura al Prado cubierto con vistosos colores de serpentinas y confetis, de coches y automóviles los lamentos miserables?
¡Máscara fatal, yo te aborrezco!

JOSÉ RODRÍGUEZ FAÍLDE.

1 comentário:

a_a disse...

parece que non lle gostaba moito o entroido a José Rodríguez Faílde...